Poemas ganadores y finalistas del I Certamen de Poesía Social de CGT León

En un acto público en la Plaza del Grano de León, nuestrxs compañerxs de CGT, simpatizantes y amantes de la poesía en general, celebraron el final del I Certamen de Poesía Social organizado por el Sindicato de Oficios Varios leonés. El ambiente festivo fué amenizado por el grupo musical Gatos Swing, mientras algunxs compañerxs leyeron los poemas ganadores y finalistas del Certamen, junto con poesías de poetas leoneses y de algunos de lxs otrxs participantes.

SOV CGT León

La experiencia ha sido muy ilusionante : se presentaron 436 poemas de 307 participantes, que enviaron sus textos desde todo el mundo, con un alto nivel de calidad. Todo esto sin la más mínima difusión por parte de los medios de comunicación comerciales, lo que no impidió que mas de cien personas disfrutaran del recital, la música y el bello entorno.

Reproducimos a continuación los poemas ganadores y finalistas:

Ganadorxs

1º clasificad@. ELENA MÁRQUEZ NÚÑEZ. Sevilla

El inmigrante

Me duelen tus fracasos y tus manos,
tu mirada de pobre, tu vacío,
tu tragedia impalpable, tu negrura,
tu sordo sacrificio, tu sorpresa.
 
Me duelen tus palabras derramadas,
tu queja, tu vestido desatado,
tu lecho de cartón, tu sueño roto,
tu brindis de mareas y de algas.
 
Me duelen tus tristezas y tu miedo,
tu eterna soledad, tu lengua muda,
tu vértigo de hambre, tu plegaria,
 
tu paso sin retorno en el desierto.
Me dueles tú y tu amor desencajado
de nuevo Cristo muerto para siempre.
 

2º clasificad@.  MARLA HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ. La Habana (Cuba)

Los Duros

Aquí estamos los tercos. Los duros de cabezas.
Los que siempre soñamos.
Amor con primaveras.
Los que en noches oscuras.
No perdimos la luz.
La vida no es un mito. Es un dulce remanso.
Es el paso perdido, hacia la eternidad.
La muerte nos espera en el mismo camino.
Es el sendero corto o es el sendero largo.
Del juego, la ruleta que nos puede tocar.
Aquí estamos los tercos. Los duros de cabezas.
Los que amamos el vuelo de palomas y al mar.
Los verdes en el campo. El trino de los pájaros.
El amor de un amigo.
La paz, la libertad.
Nos inunda de dicha. De la tarde el crepúsculo.
Cuando el sol se apresura a perderse en el mar.
Una ola gigante enredada en la arena.
Porque nada es eterno. Se borraran las huellas.
Que quedaron plasmadas.
Delante de un castillo (de arena)
Perfecto y medieval.
Caballeros templarios custodiaban.
Dos nombres.
Enlazados de amantes. Dentro de un corazón.
Aquí estamos los tercos. Los duros de cabezas.
Soñando con la vida. Desbaratando horas.
Esperando del hombre, solo un gesto de amor.
 

3º clasificad@.   LUIS ALBERTO CARRO D’ERRICO. Colonia del Sacramento. (Uruguay)

TEJE UN TELAR EL ALBA…

Teje un telar el alba, es hilandera
la luz del ancho mundo proletario.
Sube del socavón, del surco agrario,
su antigua savia joven, la primera
conciencia de estar juntos, la bandera
por dignidad en pie, por el salario,
y un viento cada vez más necesario
da voz al indignado que no espera.
 
Amanece con fraguas y tractores,
con marchas y despidos, los clamores
de otro día , otro más…Gira la noria…
 
Anuncia el telediario, voz amable:
“La nómina del paro es imparable”…
¡Y hay que empezar de nuevo a hacer la Historia!

Finalistas

José Ganivet Zarcos. Granada

Cinco niños y un patio

Cinco niños y un patio
 
Aquí hubo un paisaje desolado,
una calle doliente, y en las tapias,
un arcángel de fuego custodiando
el libro de la vida.
 
Enredado en la yedra de los patios,
un jardín familiar de lirios, de aspidistras,
de azucenas, colgado de los muros;
un fanal oxidado, olvidado, de estrellas
en una vieja trilla;
y en las vigas, dormidos, los aperos
mellados de la era
al fondo de una cuadra
que sirviera de establo, de almiar,
de escalera roída y alambrada
del reino de los cielos.
 
Aquí hubo en invierno y en verano
un sabor mineral,
pastoso, del carbón de piedra que en la calda
enrojece y amansa los metales
ardientes de la forja;
y un tenaz martilleo, tras la fragua,
de machos en los yunques
expandiendo la roja incandescencia
de almocafres, de azadas,
de afiladas y crueles podaderas.
 
Y más que nada hubo
cinco niños, aquí, jugando con montañas
oscuras de mantillo;
con rayuelas,
palomas enceladas,
insaciables -en cajas de cartón-
gusanitos de seda,
y blandos volantones fugados de sus nidos.
 
Aquí hubo un paisaje desolado,
una calle doliente y, por las tapias,
rotulados con sangre, los susurros
clandestinos, hirientes, de una guerra.

Armando García Nuño. Madrid

ESA ÚNICA PALABRA QUE COMPRENDO

Porque puedo escribir aquella
poesía de los desheredados,
y me entretengo, sin embargo,
en rimar corazón con injusticia,
porque debería saber, a estas alturas,
que las metáforas no tienen ya trabajo,
ni siquiera carné
para salir a la calle sin vergüenza,
porque mientras miro sin ganas
ese debate absurdo por la tele,
desahucian de su alma a un inmigrante
-por supuesto,
de su vivienda lo desahuciaron antes-
y mendiga la angustia por el metro,
 
porque podría gritar, y estoy callado,
tan convencido de mi compromiso…,
seguro, claro, de que humillación
es palabra aguda, y nada más,
porque tengo yogur en la nevera
sin caducar aún, como esos sueños
que explico a mediodía
en la barra del bar
con la etiqueta puesta, porque, porque,
 
porque… podría gritar, y estoy callado, 
 
nada vale, seguro,
este poema de las lamentaciones,
nada dicen sus versos
si no están empapados del sudor
enmohecido de quienes nada tienen,
de quienes nada esperan,
nada valen, tampoco las palabras,
si no están moldeadas con los dientes,
 
arrojaré este folio y sus excusas
a la basura de los tiempos ciegos,
ésa que se recicla en los despachos…,
luego saldré a la calle, en todo caso,
con un no tatuado en la esperanza,
con un no
en los nudillos, aún sin desollar,
de mis puños cobardes,
                                   con un no,
si lo pienso bien, de todo este poema
es la única palabra que comprendo.
 
                                             Lema: Martín de Arranz

Miguel Saporta Bon. Valencia

Estrategias de promoción social

Por fin matamos al dragón.
Unidos como un puño lo vencimos.
Ni el fétido fuego de sus fauces
ni la tundra de cuchillos de su piel
lograron doblegarnos.
Después de todo, al fin, exhaustos descansamos junto al lago.
Pero hoy, furiosamente intrigado, he entrado en su cueva,
la tea ha iluminado las espadas, los cascos,
las armaduras de aquellos que quién sabe si a un solo golpe
estuvieron de ser héroes, como nosotros ahora.
Al fondo, tras el esqueleto mondo de una vaca,
he encontrado el trono, las piedras preciosas innumerables
y la última muda de la que se despojó
en su desmesurado crecimiento.
Y me he sentado en el trono
y he hundido mi mano en los brillantes
y he cubierto mis hombros con la camisa
reseca de escamas que lo albergó un día.
Cuando he vuelto a salir, mis compañeros,
los camaradas que creí hermanos de sangre y emboscada,
se han abalanzado sobre mí, blandiendo sus armas,
seguro confundiéndome con la bestia.
 
Aturdido, contrariado por los que pensé de mi lado,
no he podido hacer otra cosa
que ensartarlos con las púas de mi cola
y calcinarlos en mi feroz llamarada.

"El que derrota al monstruo
y ocupa su lugar
se vuelve el monstruo".
José Emilio Pacheco

 

Abel Aparicio González. León

Hibernando

Detonar palabras en las paredes
para romper el silencio de las miradas.
 
Dibujar en el cara a cara
el dedo que señala al criminal.
 
Hablar,
con la legitimidad
de ser escuchado.
 
Recibir tus golpes,
con la legitimidad
de usar tu moneda de cambio.
 
Dejar marcadas
en el marco
de la legalidad
uñas y dientes,
también,
en el de cada puerta.
 
Tenían casa,
estaban hibernando,
sin embargo y con él,
vuestro juego
 
eso es para vosotros
 
los despertó.
 
No pretendáis
ahora
acariciar
al león
herido.
 
 

Mª Jesús Burguete Lacalle. Pamplona

MORIREMOS MÁS DEPRISA ESTA MAÑANA

Has sido más que un hogar,
un pequeño palacio,
eras la mejor de todas las doscientas idénticas viviendas
de aquel apartado barrio,
iguales, sí, pero tú la más bonita, la más grande,
todas tenían setenta metros cuadrados de futuro.
La mejor situada, no era verdad.
La de mejor vistas,
desde todas se veía lo mismo:
un patio donde se tendían las intimidades
y un solar donde un proyecto de parque
se olvidaba cada año de jugar con los más pequeños.
 
Pero tan enamorados de ti,
tan fieles a ti.
 
Hoy siento como tu vacío
y nuestra historia se afilan en mis entrañas,
y me pongo más enferma
al adivinar lo que mis ojos no tocarán ya de ti.
Mis pies,
sólo con mis pies,
el resto del cuerpo hace meses que lo perdí en las filas del paro,
van caminándote los recuerdos:
los niños aprendiendo a tu lado a ser niños,
-en este instante busco en mi niñez
un rezo o una nana que me alivie-,
las tardes de invierno recortando con ellos enormes soles
para colgarlos en sus cabeceras,
-ahora una gran luna negra gota a gota rocía sus caritas-,
los desayunos de los domingos,
el día entero para disfrutarnos dentro de ti,
aroma a chocolate recién hecho, mermelada en el pan,
-hoy solo tengo el miedo
para untar en sus mañanas-.
Miro con perdón el golpe que te dí
al recibir el primer aviso,
el puño descargó contra tu pared mi dolor
y la grieta que se abría en mi vida
fracturó un trocito de tu piel.
Las deudas se plantaban solas
en maceteros demasiado pequeños.
 
Te perdíamos sin remedio.
 
Desde la calle un “sí se puede”
sube como una enredadera por la fachada,
se cuela por tus ventanas desnudas y me azota el rostro.
Busco en tus rincones alguna esperanza escondida,
un pequeño dios que deshaga el nudo
que aprieta mis arterias silenciando el latido.
“Sí se puede, sí se puede”,
las voces de mi gente se aceleran,
los gritos me anuncian que ya están aquí.
 
Tengo que dejarte.
 
No sé quién te vivirá,
quién te quitará el dolor de la pared,
quién volverá a vestirte de fiesta.
 
Cierro la puerta.
 
Siento que tú, hermoso palacio,
y nosotros,
moriremos más deprisa esta mañana.
05·08·2013 · redaccion