En principio, lo descrito anteriormente no parece tener relación con el terremoto, pero quizás si que sirva para visualizar la tremenda situación de precariedad extrema generalizada en la que se encuentra la población. De ahí que los y las haitianas no estén en condiciones de organizarse para las labores de rescate y se encuentren a merced de la solidaridad internacional para paliar su lamentable situación.

Debe ser bastante extraño que tu vida dependa de esa solidaridad internacional, que en su mayoría está patrocinada y dirigida por las mismas entidades y personas que elaboran y ponen en marcha una serie de políticas, cuyas consecuencias llevan a todo un pueblo al borde de la aniquilación. Es como si tu vida dependiera de la persona que lleva años persiguiéndote para quitártela.

La esperanza de vida en Haití es de 52 años y la mortalidad infantil es de
un 77 por mil, una de las más altas del mundo. Los principales
promotores de la solidaridad internacional llevan años esquilmando a
Haití en todos los sentidos, haciendo posible que sea el país más pobre de
América, ocupando el lugar 155 de entre 177 en el listado del índice de
Desarrollo Humano de la ONU. El 75% de la población vive con menos de
2 dólares y más del 50% con menos de 1 dólar al día.

Resulta inconcebible que los responsables del Estado Haitiano subvencionen el
arroz norteamericano. ¿Cómo es posible que EEUU exporte a Haití 250.000
toneladas de arroz teniendo en cuenta que su población es mayoritariamente
agrícola y el salario mínimo interprofesionales es de los más bajos del mundo ?.

Pues si, así es. Haití producía el 90% de los productos alimenticios que
consumía y ahora importa ya el 55% de los mismos.

Estas políticas y los encargados de las mismas no son responsables del
terremoto, pero si de que las consecuencias del mismo alcancen cifras indignas.

Son responsables de que sus infraestructuras sean mínimas, son responsables deque muchas de sus construcciones y casas sean del mismo material que las galletas, son responsables de que sus planes de detección de catástrofes y dispositivos de protección civil sean inexistentes. En definitiva son responsables de todas las vidas que se hubieran podido salvar y que la avaricia de estados, multinacionales y en definitiva del sistema capitalista ha imposibilitado que el pueblo haitiano se desarrolle y cree, entre otras cosas, sus mecanismos de protección y defensa ante este tipo de catástrofes. En Haití hay dos tipos de victimas, a unas las ha matado el terremoto y a otras el sistema capitalista.

A esto debemos añadir el lamentable espectáculo de descoordinación
internacional a la hora de hacer efectiva la ayuda, producto principalmente de
egos y ansias de protagonismos. El sistema saca provecho de todo y al parecer las catástrofes humanas brindan una buena oportunidad de lavado de imagen y para esto nada como fotografiarse con pose solidaria junto a la desgracia, quedicho sea de paso sirve también como anuncio publicitario gratuito de las multinacionales a la hora de la reconstrucción. Tras la imagen de Maria Teresa Fernández de la Vega entregando medicinas y alimentos se encuentra la de Florentino Pérez reconstruyendo infraestructuras.

Es tremendamente lamentable que haya tenido que ocurrir un terremoto de estas características para que se envíe comida y la población de Haití pueda, eso si, por un periodo de tiempo, abandonar las galletas de barro.

Desde la Confederación General del Trabajo queremos hacer un
llamamiento a la dignidad y a la humildad, exigimos de los gobiernos
y de las multinacionales el fin del atraco y el expolio a los pueblos.

Exigimos que devuelvan a las y los haitianos su dignidad y paguen
toda la deuda que tiene con ellos y ellas.

Secretariado Permanente del Comité Confederal del C.G.T